“Vine porque me avisaron que se perdió mi hijo” Migración de mujeres wirrárikas hacia la frontera norte y los...

Lourdes C. Pacheco Ladrón de Guevara
Universidad Autónoma de Nayarit
Domingo, Octubre 1, 2017

Los lugares sociales de las migraciones de las mujeres

En las comunidades indias el género organiza la vida cotidiana a través de la patrilocalidad de la familia, el ejercicio de poder patriarcal familiar y comunitario, y la división de labores en el ámbito familiar-comunitario. El ámbito simbólico contiene las disposiciones para esa organización: la vida terrenal se realiza porque existe otra vida paralela a la cual la primera hace correspondencia y armonía. La división sexual del poder y del trabajo, en el terreno migratorio se convierte en un uso diferenciado de la migración desde lugares sociales diferentes.  Cada género accede y usa de manera distinta la posibilidad de la migración, la cual se convierte en un recurso con significados diversos de acuerdo al género y la edad.

La enseñanza de la migración desde temprana edad, dentro de grupos familiares de jornaleros agrícolas a la costa del Pacífico es un acto de disciplinamiento corporal de las niñas y niños del grupo. Se convierte en una práctica concreta del uso de la migración, en labores genéricamente atribuidas.

Las migraciones de mujeres indias (y en general, las migraciones de mujeres) tienen escasas posibilidades de ser incluidas dentro de simbolismos que les den cobijo. Aunque dentro de las cosmogonías de los pueblos indios, las mujeres, en calidad de fuerzas femeninas han participado de la creación del mundo e intervienen en el ciclo agrícola, en la situación real de las mujeres wirrárikas, esa participación se limita a intervenciones puntuales dentro de ciertas ceremonias; son excluidas de los cargos civiles y religiosos y asumen el destino de la familia del esposo.

Las mujeres indias wirrárikas tienen menores niveles de escolaridad, generalmente son monolingües y viven en sistemas familiares que permiten la poligamia. El sistema de autoridad en que viven es patriarcal, signado por la autoridad de los varones adultos del grupo. En ese sistema se decide el destino de las mujeres, las que son dadas en compromiso desde edades muy tempranas.

¿Por qué migran las mujeres indias del Occidente de México?

Es muy posible que el proceso de empobrecimiento generalizado de los grupos indios provoque la destrucción de las posibilidades de reproducción de las familias indias. Las condiciones tradicionales en que ocurría esa reproducción son alteradas por el impacto de la economía dineraria, por lo que un primer resultado es la imposibilidad de las familias para seguir viviendo a partir de la siembra de temporal, las cosechas temporales en la costa del Pacífico y la venta de artesanía.

En el presente texto se presentan entrevistas realizadas a mujeres indígenas wirrárikas o huicholas migrantes de la comunidad wirrárika de Salvador Allende, localidad que se encuentra en la entrada de la Sierra Madre Occidental.

Soy india que me fui al norte

Zenaida relata:

“Me fui a trabajar a Tijuana, como habrá unos 4 años. Por ahí como en el 2001. Me fui a trabajar porque aquí cociendo pos no me salía y dije pos voy a ir para allá a trabajar, porque para allá está fácil, allá me voy a ir y me llevé a todos los niños, porque no tenía quien me los cuidara aquí” (Zenaida, 2005).

Ángela, a su vez, relata

“Me fui a Tijuana a los quince años porque me enfadé de cuidar a mi mamá. La operaron de la matriz y tuve que cuidarla durante un año. Perdí la escuela. Estaba en la secundaria cuando me sacaron para que cuidara a mi mamá. Tenía un tío en Tijuana así que me fui para allá. Llegando no pude trabajar en casi nada porque estaba muy chica, era menor de edad. Así que sólo trabajaba lavando platos y haciendo esas cosas. Tampoco tenía papeles de escuela porque en la secundaria no me quisieron dar los de la primaria. Cuando iba a recogerlos me decían que terminara la secundaria y pues, cómo, si ya no se podía” (Ángela, 2004).

Las razones de la migración tienen que ver con la situación familiar en que se encuentran las migrantes. El esposo de Zenaida se había ido al norte desde tiempo atrás, lo que originó que ella se quedara sin sustento en el pueblo:

“Cuando me fui no tenía esposo. No, pos ya no, pos ya se había ido. El se fue para el otro lado y ya no volvió. Se fue para Texas y ya no volvió. Sé que por allá está, pero ya no viene aquí al pueblo. Por allá está” (Zenaida, 2005).

En el caso de Ángela, la causa de la migración fue carecer de posibilidad de vida en la localidad y, hasta cierto punto, la posibilidad de seguir un camino que otros familiares ya habían cursado. La llegada con tíos y familiares le permitió realizar el viaje y tener la posibilidad de una primera socialización en el lugar de destino. Tanto en Zenaida como en Ángela, la decisión de migrar fue de ellas.

Las ayudas para migrar

En los tres casos, las redes migratorias posibilitaron la migración, independientemente de la situación familiar en que se encontraban las mujeres indígenas.

“Yo antes no había ido a Tijuana. No, era la primera vez. Me fui porque es que como allá están mis hermanos, por la facilidad de ellos, pos me fui. Ellos ya se había ido antes, ya tenían como tres años por allá. Cuando llegué ahí estuve con ellos. Ellos no me invitaron a que me fuera, sino que yo sola me fui.

Me fui porque pos una muchacha me invitó, una de la colonia, su papá nos pagó el pasaje y todo, porque yo cómo me iba a ir, nos pagaron el pasaje y por eso  me fui, y allá también rentando las dos nos quedamos. Yo y la muchacha, esa que me llevé, y ya con el tiempo ella se apartó y yo me quedé con mi familia.

Cuando llegué un tiempo estuve con mis hermanos, nomás un mes, y ya después ya no. Ya me aparté” (Zenaida, 2005).

Dejar a los hijos es lo más duro

Si bien las redes migratorias permiten lograr la empresa de la migración, en tanto proceso de salida y llegada, así como una socialización primaria, el grupo doméstico posibilita la permanencia en el lugar de destino y el retorno al lugar de origen. Para Ángela y Zenaida, fue el apoyo de miembros de la familia, quienes se hicieron cargo de los hijos durante las jornadas de trabajo, lo que posibilitó la obtención de empleo y la permanencia en él.

“El más chiquito tenía tres o cuatro años. Pos el otro tenía 13 años, el más grande, y éste tenía nueve y el chiquito me lo llevé de seis meses, pero cuando me fui no me llevé al más grande, nomás a estos dos. Al más grande lo dejé con mi mamá” (Zenaida, 2005).

“Yo dejo a mis hijos con mi hermana. Me llevé una hermana para que me ayude a cuidarlos mientras yo voy a trabajar. Ella nos cuida los hijos a todas las hermanas que nos vamos a trabajar. Ahora vine porque tengo dos hijos aquí con mi mamá” (Ángela, 2004).

La migración de mujeres solas con hijos provoca, a su vez, la migración de las hermanas menores. Ello ocurre con las mujeres solas porque son ellas las que deben insertarse al mercado laboral. En los casos en que la mujer migra como esposa de un varón, en un primer momento es él el que ingresa al mercado laboral, en tanto ella realiza las labores de reproducción en el hogar. Es hasta cuando los hijos crecen, cuando las mujeres con esposo, pueden entrar a su vez, al mercado laboral.

¿Por qué los hijos más grandes son dejados en la comunidad y, en cambio, las mujeres se llevan a los hijos pequeños? Pareciera que el caso debería ser el contrario, toda vez que los hijos mayores podrían convertirse, a su vez, en trabajadores y con ello, ayudar al sostenimiento del hogar en el lugar de destino de la migración. Sin embargo, ello no es así toda vez que las condiciones que ocurren en la localidad permiten que los hijos mayores tengan mayores ventajas sin permanecen en la localidad que si la abandonan.

El sistema de albergues-escuela instalado por la Secretaría de Educación Pública (SEP) y la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indios (CDI) otorga becas de alojamiento y alimentación a los niños indios en edad escolar. Esa beca cubre, en una primera instancia, la educación primaria, y en una segunda, en ocasiones, la educación secundaria. De ahí que las mujeres migrantes prefieren dejar a sus hijos en edad escolar en la localidad a fin de que sigan siendo beneficiados con la beca de alimentación, que trasladarlos con ellas al lugar de destino de la migración.

La madre de las migrantes atiende a todos los nietos en edad escolar, por lo que se trata de una tarea multiplicada por el número de nietos de los cuales se hace responsable.

“Para mi mamá es mucha carga. Para ella  también, tiene muchos nietos. Aquí se los dejaron. Pos ahí están todos. Hu, como unos siete, yo creo. Son muchos, son de las hijas que se fueron, de las que están allá,  son sus hijos que están aquí. Los dejan aquí mientras están en la escuela. Pos horita están en la escuela. Cuando salen ya no, se los llevan,  o a veces mandan dinero. No siempre, pos no cuando no trabajan”.

La madre de las migrantes es la receptora de las remesas familiares de las hijas. Con el envío, las mujeres migrantes cumplen con el sostenimiento de sus hijos y a su vez, contribuyen al sostenimiento del grupo familiar, ya que las remesas son utilizadas en forma colectiva por todos los miembros que se quedan en la localidad.

“Aquí se quedan con mi mamá. Si, se quedan con mi mamá. Y ella lo que le mando lo usa para la comida y todo. Si, para la comida, aunque no nomás para ellos, para todos… Yo mandaba dinero para acá. Sí. Le mandaba dinero a mi mamá cada quince días le mandaba $500, a veces $1000 pos para los niños porque aquí estaban” (Zenaida, 2005).

La responsabilidad del cuidado de esos hijos recae sobre la abuela, ya que ella es la que se encarga de estar al pendiente de niño. Ese encargo no está exento de dificultades, sino que se realiza, por parte de la abuela, como una ayuda a sus hijas, pero también, como una responsabilidad que no puede evadir. En estos casos, la responsabilidad final de los hijos es la madre, aun cuando ésta se encuentre en Tijuana o en algún lugar de Estados Unidos. La existencia de telefonía rural permite, hasta cierto punto, la localización casi inmediata de madres/hijas, en caso de que sea necesario.

“El domingo me avisaron que un hijo andaba perdido y me vine luego luego en el camión. Ya apareció porque se había ido detrás de otro niño más grande que sí sabe irse a muchos lados, a Atonalisco y hasta Tepic. Me los quiero llevar hoy mismo porque hoy me voy a regresar. Tengo un niño chiquito que no puedo dejar. Mi mamá me dice que me espere a que termine la escuela porque ya no falta casi nada. Así me lo llevo con papeles y allá lo puedo volver a meter a la escuela” (Ángela, 2004).

Cuando la madre de Ángela, le avisó a ésta sobre el extravío del niño, pidió un permiso en la maquiladora donde trabajaba, a fin de venir a buscar al infante. Esa labor ya no podía hacerla la mamá, ya que implicaba movilizarse, teniendo que dejar al resto de los niños que cuidaba. Por lo tanto, las actividades que realiza la madre de las migrantes se refieren a aquellas necesarias para que los hijos asistan a la escuela, permanezcan con los beneficios de la beca de alimentación o alguna otra beca de los programas compensatorios del gobierno federal. Esta circunstancia origina que los hijos más grandes permanezcan en la comunidad hasta que dejan de ser titulares de beneficios sociales por salir de la condición de niño/indígena/alumno.

En el caso de Herminia de Jesús, el grupo doméstico le permite tener un lugar de llegada en la comunidad, pero no se convierte en el soporte para el ingreso de ella al trabajo. Lo que sí le permite es contar con un lugar donde el niño podrá ser socializado en la cultura comunitaria étnica. Una vez que los niños tienen la edad suficiente para entrar a la escuela, entonces son enviados a la comunidad de origen y es cuando la madre tiene posibilidades de entrar al mercado laboral. El crecimiento de los hijos la libera de las tareas del cuidado diario, porque ese cuidado se traslada a la comunidad de origen en la Sierra Madre Occidental.

No voy a volver a la comunidad

Las mujeres indias, cuando se trasladan a la frontera norte o a los Estados Unidos, tienen la intención de regresar a su comunidad. Sin embargo, no siempre es posible llevar a cabo ese regreso por diversas razones. Entre ellas, deben señalarse las siguientes:

1.  El nulo cambio en las condiciones que propiciaron la migración. Cuando las
mujeres regresan a la comunidad de origen se encuentran sin posibilidades de obtener ingresos, por lo que, aún cuando el regreso haya sido necesario o forzado, en un corto tiempo se convencen de la imposibilidad de permanecer en la localidad. Ello las motiva a buscar la forma de, nueva cuenta, emprender el camino de la migración.

“Pues pienso ir,  en estos días el Sábado se va a ir mi prima. Y estoy pensando de nuevo en irme. Me voy a llevar a los niños. No, me los voy a llevar, dejaría nomás a este al grande. Esta en cuarto y que termine la escuela. Me llevaré nomás aquel, él está en el kinder. Ya cuando esté de más altura ya se vendría. Pierden la escuela si me los llevo. Este me lo llevé y por eso perdió un año” (Zenaida, 2005)

2. La posibilidad de fundar una familia de destino en el lugar de llegada. Ello ocurre cuando las mujeres se unen en pareja con otro migrante en el lugar de llegada. Se ocasiona la fundación de una familia cuyos intereses no siempre están puestos en el retorno al lugar de origen de la mujer. Aún cuando el esposo sea de la misma comunidad, la nueva pareja tiene posibilidades de realizar una familia de acuerdo a nuevos patrones de comportamiento, fuera del registro que realiza la familia y la comunidad del lugar de origen. “Allá conocí a mi esposo. También es de aquí pero no vamos a regresar. Aquí no hay nada que hacer” (Ángela, 2004).

3. La realización de un patrimonio propio en el lugar de llegada. A contrario de lo que ocurre en las comunidades de origen, en las comunidades de destino las mujeres indígenas migrantes tienen posibilidades de construir un patrimonio propio. Ello es así debido a las posibilidades de poblar un terreno con nulos servicios públicos, iniciando de esta manera, el poblamiento de zonas marginales en las ciudades. La carencia de servicios públicos no es un factor que impida el poblamiento toda vez que las mujeres migrantes provienen de localidades cuya característica es, justamente, la carencia de servicios públicos. De ahí la relativa facilidad para adaptarse a las nuevas condiciones.

A su vez, el poblamiento de terrenos marginales, permite a las mujeres migrantes, no gastar ingresos en renta de casas en las orillas de la ciudad, y de esta manera, hacer e incrementar un patrimonio propio.

“En Tijuana, ya después conseguimos casa, primero no teníamos pero hicimos casa,
y ahí estuvimos en la casa y mis hermanos todos se fueron para allá y ya no pagaba renta ni luz ni agua en la colonia, pero apenas se estaba formando. La colonia se llamaba Nueva Esperanza. Es la que se quemó. Es esa (Zenaida, 2005).

Escapar del destino asignado. El ingreso a nuevas formas de vida, les permite a las mujeres, escapar de la situación de etnia que no siempre les favorece. Ello, sin embargo, depende de cada grupo indio y a su vez, de las condiciones de las propias familias de mujeres migrantes. Puede ser que ese proceso ya hubiere iniciado desde la localidad de origen y el proceso migratorio lo acelere. En el caso de Zenaida y Ángela, ellas habían dejado de realizar la costumbre wirrárika desde el tiempo en que vivían en la comunidad, debido a su conversión a la iglesia evangélica y el consecuente abandono de la costumbre wirrárika.

4. La obtención de ingresos propios de manera regular. La periodicidad de la obtención de los ingresos (semanal o quincenal) utilizado por las maquiladoras, introduce, a su vez, cambios en el comportamiento de las mujeres, en el estilo de vida, y en el estilo de gastar y/o ahorrar. La seguridad que les proporciona saber que se encuentran insertas dentro de lógicas de trabajo que les proporciona horario para alimentos, transporte nocturno y sobre todo, seguridad en el ingreso (aún cuando sea a corto plazo), permite a las mujeres indias, planear un futuro, es decir, tenerlo. Ello porque el ingreso permanente posibilita la realización de planes de consumo, generalmente tendiente a formar un patrimonio propio, el compromiso de asumir deudas ya que se tiene la posibilidad de responder por ellas y sobre todo, la posibilidad de influir en la toma de decisiones entre los miembros del grupo doméstico. La obtención del ingreso les permite tener un nuevo lugar en el grupo social.

5. La construcción de nuevas expectativas de vida grupales. El conjunto de condiciones en que ocurre la estancia de migración de las mujeres, da por resultado una valoración positiva no sólo para ellas individualmente, sino para el conjunto del grupo. El éxito de las mujeres indias migrantes, medido en tanto condiciones de vida del lugar de origen y del lugar de llegada, se convierte en un factor propiciatorio para la migración de nuevos miembros y aún, de toda la familia.

“No voy a volver aquí, a la comunidad. Me voy a llevar a mi hermana Maribel, ahora que salga de la secundaria. Ya casi todos estamos allá: Zenaida, Simona, mi hermano y yo. Yo le digo a mi mamá que para qué se queda. Cuando va allá con nosotros viene toda gordita, aquí vuelve a adelgazar porque no tiene la misma comida” (Ángela, 2004).

Las tragedias de la migración

Las mujeres indias viven en constante tragedia. Ello no significa que se convierta en algo normalizado dentro de sus vidas. Las hermanas Zenaida y Ángela de la Cruz, sufrieron un accidente en el cual perdieron el patrimonio que habían logrado acumular e incluso, un hijo de Ángela perdió la vida.

“Se quemó la casa. Era un cuarto  de cartón, de madera. Yo no me di cuenta, estaba trabajando de noche mucho tiempo y cuando nos avisaron  pos ya era bien tarde, como a las 2:00 de la mañana. Y que pasó eso por acá, se quemó un terreno mío y se quemó el hijo de mi hermana. Y una tragedia de esas, mejor allá en mi casa.. Pos todo lo que tenía se quemó, pos para volver a empezar a comprar las cosas y todo, estaba difícil. Era volver a empezar…Lo poquito que tenía pos también se quemó porque no cargaba yo el dinero ahí lo tenia yo en mi casa” (Zenaida, 2005).

La pérdida de todo el patrimonio, de los ahorros celosamente guardados y la muerte del  sobrino tuvieron el efecto inmediato de buscar refugio en la comunidad de origen. Zenaida regresó a la localidad en donde intentó buscar trabajo como cocinera en los restaurantes cercanos a la Presa de Aguamilpa, realizar costuras para tiendas de artesanía de la capital estatal o encontrar cualquier tipo de ocupación.

Los intentos por quedarse en la comunidad sólo la convencieron de que no obstante la tragedia sufrida, en Tijuana tenía más posibilidades de volver a empezar que en la propia comunidad. Por lo que empezó a realizar planes para emprender el camino de la migración. La comunidad de origen cerraba, de esta manera, las puertas para el regreso, ya que si vuelven, vuelven a la misma imposibilidad de trabajo y, por lo tanto, de vida.

“Yo  sí trabajaba. Por eso trabajaba y me vine y ahora ya me quiero ir para atrás. Aquí no hay nada, pos te digo. No pues con las costuras no sale. No sale. Pos también está bien aquí uno con sus hijos: van a la escuela y vienen, y todo y así, está bien. pero, ¿de qué vamos a vivir?… Si, me quiero regresar,   allá también  está el trabajo. Hasta eso que cuando renuncié me dijeron que si me  presenta otra vez me daban trabajo pero con el mismo sueldo. Tengo que ir ahorita Pos sí, si no se van a olvidar de mí o cambian esos jefes y ya no me conocen” (Zenaida, 2005).

La contradicción en que viven las mujeres indias entre quedarse en la comunidad viendo crecer a los hijos o regresar a Tijuana donde pueden ganar dinero para ese mismo crecimiento, se resuelve a favor de lo segundo. Basta un corto tiempo en la comunidad para cerciorarse de la imposibilidad del regreso.

Las indias como trabajadoras mayormente explotadas Las características de las mujeres indias migrantes, en particular su disposición a trabajar en cualquier tipo de trabajo, se convierten en una ventaja en el lugar de llegada, pero en una desventaja en el lugar de origen. En el lugar de llegada es una ventaja ya que el ingreso al trabajo de la maquiladora es valorada como una manera de acceder a un nuevo estilo de vida y de plantearse nuevas posibilidades de asumir la vida. Su situación de mujeres solas, lejos de convertirse en un estigma las convierte en una mano de obra deseable ya que se encuentran a disposición de los horarios de trabajo sin limitaciones conyugales. En cambio, en el lugar de origen, esa disponibilidad de la mano de obra femenina se convierte en una desventaja ya que las convierte en desocupadas. La imposibilidad de trabajar, en las comunidades de origen, las sitúa como mujeres solas, víctimas posibles de los códigos masculinos con que se califica a las mujeres, en particular, víctimas de la violencia masculina, de la que también huyen al migrar.


 

Bibliografía

Pacheco, Lourdes. 2005. “Remesas en comunidades indígenas de Nayarit. Uso de
remesas por mujeres indígenas” en Memoria del Quinto Congreso Balance y
Perspectivas del Campo Mexicano de la Asociación Mexicana de Estudios Rurales
,
A. C., Universidad de Oaxaca, (CD).

Scott, Joan, 1996, “El género: una categoría útil para el análisis histórico”,
en El género: la construcción cultural de la diferencia sexual, PUEG/Porrúa, México.

Entrevistas

De la Cruz, Ángela .2005. Entrevista a mujer wirrárika migrante, Salvador
Allende, octubre 13

De la Cruz, Zenaida .2005. Entrevista a mujer wirrárika migrante, Salvador
Allende, marzo 15

De Jesús, Herminia. 2005. Entrevista a mujer cora migrante, Jesús María, marzo