Economic Rights and Women’s Legal Standing in the Workplace

Nancy López Díaz
Universidad de la Habana, Cuba
Domingo, Octubre 1, 2017

Cualquier análisis de la situación de las mujeres tanto del tercer mundo como de los países industrializados en la actualidad tiene que enmarcarse necesariamente atendiendo a un cuadro general de desarrollo caracterizado por dos fenómenos globales interrelacionados: la creciente competitividad entre los países, la regionalización y la globalización de la economía y por otro lado la agudización de los problemas sociales a trav é s del aumento de las desigualdades en todas las esferas de !a vida social.

Una diversidad de estudios hacen referencia a las características del empleo de las mujeres en la actualidad, pero son menos divulgados los trabajos que analizan los cambios ocurridos en otros aspectos que componen el mundo del trabajo, como la legislación laboral, el sistema de segundad social y el comportamiento del sistema de las relaciones laborales.

En losúltimos 20 años hemos visto a la ideología neoliberal convertirse en política oficial en la mayoría de los países subdesarrollados y del mundo industrializado.

Precedidas por una intensa propaganda del mercado y presionados por el FMI, las políticas económicas neoliberales se implantaron en nuestros países a trav é s de procesos de estabilización y ajuste estructural.

Las desregulación, es decir, la tendencia a dejar que el mercado funcione de manera incontrolada, se manifiesta en los planos monetarios, financieros, comercial y tambi é n laboral.

Durante estos años ha ido en ascenso la participación de la mujer en la actividad económica en la mayor parte del mundo. En Am é rica Latina se pronostica que a fines del presente siglo habrá 65 millones de mujeres en el mundo del trabajo, cifra notoriamente superior a los 10 millones que se registraron en 1950. Lo particular de este pronóstico es que el ritmo de crecimiento del empleo Femenino hacia el 2005 se estima en el 3,2% anual mientras que el masculino serádel 2,2% o sea, no sólo más mujeres trabajando, sino un cambio en la proporción entre trabajadores hombres y mujeres. En todo esto hay que considerar el subregistro de la actividad laboral femenina debido a su participación en actividades no detectadas por las estadísticas. Dos procesos aparentemente contradictorios surgen ante nosotros, por un lado la feminización del empleo, y por otro la feminización de la pobreza.

Ciertamente, la participación de la mujer en la fuerza del trabajo estáestrechamente relacionada con el nivel de desarrollo económico. Sin embargo, no es é sta la explicación determinante del creciente número de mujeres que hoy trabajan y buscan empleo. Para entender este fenómeno tenemos que comprender el efecto de las políticas neoliberales, en particular la política de ”flexibilización laboral”. Para la ideología neoliberal el desempleo no constituye objeto de preocupación, sino un síntoma de salud de la economía, puesto que es un resorte que utilizan para ganar en eficiencia y en competitividad. En definitiva, dicen que la magia del mercado resolveráel desempleo, ya que si este hace descender tremendamente los salarios, esto atraeránuevas inversiones con lo que crecerán el empleo y la economía del país.

De acuerdo con este razonamiento el derecho al trabajo a lo largo de años de luchas, los acuerdos colectivos de trabajo, las negociaciones centralizadas, la intervención de los sindicatos, no son más que “rigideces”. Es decir barreras que impiden la flexibilidad que reclama la producción moderna.

Siguiendo esta ideología hemos sido testigos de un intenso período de reformas laborales que han dado campo a las formas de contratación “atípicas” como la eliminación de salarios mínimos y la viabilización del despido de los trabajadores. Ya no se habla del “derecho al trabajo”, sino de” reglamentación del mercado de trabajo”.

Las políticas neoliberales significan un ascenso del desempleo, el empeoramiento de la distribución de los ingresos y la reducción del salario real la privación del acceso de los servicios sociales.

El encarecimiento de la vida y la reducción de los ingresos familiares, ha forzado a muchas mujeres a buscar trabajo por compensar el ingreso familiar, sin dejar por ello de realizar el trabajo dom é stico.

Estas políticas persiguen el objetivo de liquidar las formas de organización de los trabajadores especialmente en los sindicatos, violan los convenios de la OIT, alteran las leyes laborales y salariales en perjuicio de los trabajadores y eliminan derechos y reivindicaciones que afectan particularmente a la mujer trabajadora.

Si a estas políticas en la esfera laboral, unimos la privatización de empresas públicas, los recortes presupuestarios en los servicios de salud, la privatización de los fondos de pensiones, etc. tendríamos una representación más completa de lo que sucede en la actualidad.

Paralelamente, la utilización de la fuerza del trabajo femenina se ha convertido en una importante vía de “flexibilización” al servicio de los capitalistas. El menor nivel de escolaridad de la mujer, la desigualdad a que es sometida dentro y fuera del hogar la convierten en candidata ideal para ocupar empleos mal remunerados, excluidos con frecuencia de los beneficios que brinda la legislación laboral, trabajando bajo formas de contratación a tiempo parcial, a domicilio, ofertas de empleo que se devalúan por el sólo hecho de ser desempeñadas por mujeres; escasa oportunidad de capacitación profesional que le permita acceder a puestos de mayor calificación y de dirección; los salarios son desiguales con respecto al hombre con independencia de que la calificación y la actividad sean iguales.

Además, hay una intensificación de la doble jornada para la mujer al responsabilizarse é sta con la compensación del d é ficit económico familiar, resultado de los ajustes económicos que incrementan el desempleo y reducen el valor real del trabajo; agudización de la discriminación de la mujer condicionada por el machismo y la cultura patriarcal; la mujer sufre el acoso sexual derivado de una mayor demanda de empleo con respecto a su oferta, unido a una insuficiente protección jurídica de sus derechos que la colocan en una situación de vulnerabilidad ante el hostigamiento sexual de sus empleadores; incremento de la pobreza en los hogares encabezados por mujeres y aumento de la violencia y el maltrato hacia ellas

Basta con citar algunos datos para ejemplificar lo anterior. En Am é rica Latina se calcula que el sector de los servicios, notablemente expandido con la terciarización de las economías, cuenta con casi un 70% de mujeres económicamente activas. Según la OIT la fuerza de trabajo femenina es mayor i taria en el sector informal; en M é xico, alrededor del 59% de la mano de obra en la industria maquiladora estáintegrada por mujeres. En Asia sudoriental las mujeres suministran hasta un 80% de las zonas francas industriales orientadas a la exportación. Algunas investigaciones recientes apuntan que en2000 más del 40% de las mujeres europeas trabajaban a tiempo parcial y que en algunos países específicos como el Reino Unido estaba cercana a 80%.

La OIT reconoce que las mujeres siguen ganando entre un 50%-80% del salario de los hombres, diferencia no explicable en su totalidad por el desempeño de puestos de trabajo diferentes.

En resumen, vivirnos un período de creciente incorporación de mujeres al trabajo como consecuencia de las agudas condiciones impuestas por las reformas neoliberales. El peso de la mujer en la estructura de la ocupación tiende a elevarse, tanto en el sector formal como informal. La mujer, sin embargo, se integra en condiciones desventajosas ganando menos y contribuye asía un abaratamiento de los salarios en general; no sólo de las mujeres, sino de todos l os trabajadores.

La preocupación por la situación de subordinación jurídica de la mujer no es nueva. Desde el siglo pasado los movimientos femeninos en búsqueda de su reconocimiento lo han evidenciado, no sólo para que se le reconozcan sus derechos civiles, sino tambi é n en la igualdad en sus condiciones de trabajo y de salarios. La mujer ha sido discriminada jurídicamente en varias ramas del Derecho, que la consideran como un ser inferior y d é bil que hay que proteger, sujetándola asía la potestad del varón.

Las luchas para obtener igualdad de condiciones laborales han tenido menos é xito que aquellas para obtener derechos civiles. Aunque en la mayoría de las constituciones se suprimieron las condiciones de g é nero, existen medidas “proteccionistas” que coartan la libertad de trabajo de las mujeres.

En el derecho laboral existen regulaciones que responden, más que a la protección física de las mujeres a las necesidades del mercado laboral, lo que subyace en las medidas que prohíben ciertos trabajos a las mujeres para favorecer a la fuerza masculina de trabajo; la noción del poder aparece nuevamente subyacente en estas normas legislativas que, bajo el pretexto de proteger la debilidad física y moral de la mujer, coartan su libertad de decisión para ejercer un trabajo. Estas circunstancias hacen pensar que más que proteger tienden a una regulación disfrazada del mercado de trabajo. Las normas legales reguladoras de la maternidad mantienen, en la mayoría de los países, la concepción prevaleciente que hace gravitar sobre la mujer la responsabilidad de la función maternal. Esto se evidencia en las leyes que, aún y cuando conceden ciertos privilegios a la madre trabajadora, no los conciben como un deber de la sociedad en su conjunto sino como una concesión, lo que permite, de hecho, que el empleador trate de liberarse de lo que considera la carga de la maternidad. En general las leyes protectoras de la maternidad se caracterizan por el establecimiento de un fuero que significa otorgar privilegios laborales por el hecho de ser madre, como es derecho a días de descanso antes y despu é s del parto, cuyo número varía de un país a otro, obligación del empleador de conservarle el puesto de trabajo, retribuirle la licencia, derecho de alimentar al beb é en horario de trabajo y derecho a guarderías para el cuidado del mismo en horario de trabajo.

Toda la legislación que implique mejoramiento de la situación de la mujer, debe responder a una concepción orgánica del problema en las distintasáreas del Derecho para evitar incongruencia legislativa.

Para el movimiento sindical la tarea de defender los derechos económicos, políticos y sociales de la mujer constituye una obligación moral, no por ello puede considerarse una tarea fácil pues, de una parte hay que lograr que las mujeres comprendan cuál es el origen de su situación; porqu é trabajando más ahora que antes, apenas compensan la caída de los ingresos de sus esposos e hijos, o quizás sólo vivan un poco mejor.

Por ello, habráque atraer hacia los sindicatos a muchas mujeres que irrumpen por primera vez en el mercado laboral y lo hacen, a veces, de manera invisible, sin salir de sus casas o por unas pocas horas.

Todo esto exige la creación de nuevas formas de vínculo con las trabajadoras.

Baste citar, con relación a esto, que en Am é rica Latina, por ejemplo, la tasa de sindicalización de la mujer no alcanza el 10% del total de la población femenina económicamente activa y no más del 20% de estas mujeres ocupa algún cargo de dirección en la organización sindical.

De otra parte, no es posible pretender avances en esta batalla por los derechos económicos y sociales de la mujer, actuando al margen de la lucha por los derechos económicos y sociales de todos los trabajadores, es decir, de hombres y mujeres. En tanto sea la misma globalización neoliberal la que se cierne sobre todos, estos temas tienen que ser debatidos conjuntamente porque sus efectos se extienden a todos.

Es necesaria la elaboración de políticas y acuerdos específicos, que defiendan los derechos económicos, políticos y sociales de la mujer trabajadora, que exista la voluntad política de aplicarlas en la práctica diaria contra aquellas que señalan acciones desiguales y discriminatorias y que dichas políticas encuentren reflejo apropiado en la legislación de forma tal que se asegure el debido respaldo legal a las mismas.