La Feminización del a Pobreza: Un problema global

Mercedes Valdés Estrella
Universidad de La Habana, Cuba

En el libro “El Ajuste Invisible” del Programa Regional de Capacitación de la Mujer para el Desarrollo de la UNIFEM se valora la pobreza como un conjunto de exclusiones referidas a dominios tales como: mercado de bienes y servicios, ámbito de la tecnología y procesos de toma de decisiones. Así la pobreza no sólo se expresa en factores puramente económicos, lo cual pone al desnudo la complejidad de este análisis.

En las definiciones de pobreza estudiadas observamos un núcleo sustancial “la exclusión” de los individuos de los procesos sociales con una determinada gradación. A nivel conceptual he partido de la definición de pobreza dada por el Banco Mundial1: “La imposibilidad de alcanzar un nivel de vida mínimo”, pero agregando al mismo su carácter complejo y multidimensional, expresado en diversas manifestaciones en el orden material y espiritual y en la resultante de múltiples causas que involucran disímiles aspectos de la realidad. Esta visión integral del fenómeno ha estado muchas veces ausente en los enfoques y aproximaciones en los estudios de la pobreza.

La pobreza de las mujeres se acrecienta. La especificidad de la pobreza de las mujeres debe ser explicada y defendida. Las mujeres se empobrecen por problemas diferentes a los de los hombres, entre ellos los relacionados con la natalidad (madre soltera), con rupturas afectivas (abandonos de familias, divorcios y viudez), por problemas sociales derivados de otro tipo de separaciones (hospitalización, emigración, encarcelamientos de maridos o compañeros) por pérdidas del trabajo del marido o compañero y en definitiva en muchas ocasiones por problemas derivados de su dependencia afectivo-económica del varón. La mayor intensidad de las situaciones de pobreza padecidas por las mujeres (en el sentido de percibir menor protección social y menores recursos para hacer frente a la pobreza).

El redescubrimiento de la situación tradicional de pobreza que han vivido las mujeres (las pobres de tradición, las pobres encubiertas, las ancianas, inmigrantes, gitanas) unida a la llamada nueva pobreza (familias monomaternales), reconvertidas (mujeres cuyos maridos han sufrido la reconversión industrial y están parados, etc.) ha llevado a que se hable de feminización de la pobreza. Con los trabajos de Hilda Scott 2 en 1984 se comienza a hablar de feminización de la pobreza. Se trata de un concepto que ha adquirido una gran difusión en los últimos tiempos y bajo este término se mueven varios conceptos diferentes. Para esta autora el sistema económico actual engendra pauperización, que aunque a ritmos diferentes, es una pauperización continua, progresiva, para el conjunto de las mujeres tanto la de los países desarrollados como las de los subdesarrollados. Considera que el reparto entre el trabajo remunerado y no remunerado, la redistribución del trabajo a partir del progreso técnico y la transferencia progresiva hacia las mujeres de la carga económica de los hijos conducen a una pobreza específica que nunca ha sido analizada como tal.

Una corriente de análisis representada por investigadores inglesas, americanas y canadienses3 considera como causa principal de la pobreza de las mujeres la insuficiencia de los ingresos propios de las féminas debido tanto a la discriminación laboral y salarial así como a las discriminaciones de los sistemas de garantía de los ingresos del Estado.

Otro punto de vista extendido en los países europeos pone el acento en las rupturas con el esposo. La separación, el divorcio y la viudez suponen para muchas la pérdida del sostén económico. La situación se agrava cuando en la mayor parte de los casos son las mujeres las que cargan con las responsabilidades de los hijos y no son infrecuentes los incumplimientos en los pagos de las aportaciones del marido, lo que ha convertido a la mujer sola con cargas familiares en el prototipo de las mujeres pobres. Esta situación de alguna manera recorre las clases sociales, lo cual enlaza con los discursos acerca de la nueva pobreza. La verdadera causa de la pobreza de las mujeres es que no tienen ingresos propios. El divorcio o la separación, oculta el problema real (no disponía de ingresos propios de casada). El divorcio o la separación no hacen más que develar esta realidad.

Otra corriente 4 sostiene que el matrimonio empobrece a las mujeres. Cada uno de los cónyuges va al matrimonio con su capital económico, social-cultural y es en el curso del matrimonio cuando el de la mujer disminuye y el del hombre se acrecienta.

Estos enfoques no deben ser vistos como totalmente contrapuestos sino más bien hay coincidencias en algunos elementos básicos con independencia de que se ponga mayor énfasis en uno u otro. Entre estos elementos comunes están el problema de la invisibilidad o la difícil visibilidad de la pobreza de las mujeres y la ignorancia de buena parte de las investigaciones y estadísticas del trabajo real de las mujeres.

Si bien en la institución familiar tiene su raíz y se organiza la dependencia económica de las mujeres y es desde donde se socializa para la división sexual del trabajo y sus respectivos repartos de roles, y se empobrece directamente a las mujeres desde el matrimonio, la globalización económica y las políticas neoliberales han incidido en la división sexual del trabajo y han agudizado la pobreza de las mujeres. La pobreza de la mujer no es solo un fenómeno de países pobres, también existe en los países industrializados y se expresa de múltiples formas: ingresos insuficientes, falta de acceso a la educación y la salud, discriminación y escasa participación en los procesos de toma de decisiones. La pobreza es, resultado de la falta de poder, imposibilidad de acceder a recursos económicos, políticos y culturales.

La globalización económica y las políticas neoliberales se manifiestan en el mercado laboral, lo que reduce al mínimo o elimina la protección estatal al trabajador, el aumento del desempleo y el subempleo, y la marginación de amplias masas de trabajadores. Ello evidencia el carácter excluyente del modelo neoliberal y el reforzamiento de la situación de pobreza en que viven millones de personas en el mundo, sobre todo las mujeres y en particular las divorciadas, separadas, de la tercera edad, madres solteras, inmigrantes, subempleadas, desempleadas, de economía informal, negras e indígenas.

Lo anterior se refleja en:

1. Una disminución del acceso a puestos de trabajo de calidad. En la actualidad ¾ partes del trabajo de las mujeres en la mayoría de los países industrializados es en el sector de los servicios –administración, educación, salud-. Sector que está recortándose con el doble perjuicio para las mujeres; por una parte pérdida de trabajo remunerado y por otro aumento del trabajo doméstico y de “cuidadora” al no asumirlo el Estado (la privatización de los servicios no garantiza el cuidado de los ancianos, niños, enfermos, minusválidos y las mujeres tienen que completarlos o sustituirlos).

2. Un mayor acceso al trabajo no calificado y en peores condiciones de explotación e inequidad.

3. Crece el número de mujeres empleadas a tiempo parcial. Son ellas las principales candidatas para este tipo de trabajo, socializadas para alternar el trabajo productivo con el reproductivo, siempre están dispuestas a aceptar este tipo de labor, aunque estén mal remuneradas y se reduzcan sus posibilidades de desarrollo profesional y de acceso a cargos de dirección.

4. Otro efecto de la globalización económica es la participación de las mujeres en la producción transnacional. Es una producción que se caracteriza por buscar los mínimos costos y los máximos beneficios y que contrata una fuerza de trabajo dispuesta a aceptar lo que no aceptaría otra con años de experiencia y tradición de logros sindicales. Una parte importante de la producción transnacional en los países subdesarrollados se concentra en las zonas francas, creadas para atraer capital extranjero. Son zonas que normalmente consiguen la exoneración fiscal, la suspensión de tarifas aduaneras, y otras. Esta gran participación se explica por factores que facilitan el control de la fuerza laboral relacionadas con: la supuesta sumisión y docilidad de las mujeres, no participación en tareas sindicales y políticas por dedicarse también al trabajo reproductivo, la flexibilidad de la mano de obra femenina pues están dispuestas a entrar y salir del mercado laboral con mayor facilidad que los varones para realizar los dos tipos de trabajo el doméstico y el remunerado.

El lugar que ocupan las mujeres en la estructura social y en especial en la división sexual del trabajo como responsables de las relaciones de reproducción, hacen que su entrada en las relaciones de producción se supedite a cualquier tipo de oficio si las necesidades del hogar lo requieren. También la doble jornada impide en muchas ocasiones que las mujeres se sindicalicen y realicen una actividad reivindicativa de sus derechos.

Según las cifras del último informe sobre el empleo en Europa, presentado en la Audiencia Pública de la Comisión de la Mujer del Parlamento Europeo, para el tema de la Feminización de la Pobreza, en ese continente más del 40% de la mujer trabaja a tiempo parcial o en contratos a tiempo parcial. De esta Audiencia Pública se dedujo que las políticas encaminadas a incrementar el empleo, si no van acompañados de políticas de igualdad salarial para ambos sexos y de mejores condiciones de empleo, no garantizarán la salida de la pobreza a las mujeres.

La carencia de un enfoque de género en las estadísticas relacionadas con el problema de la pobreza femenina, limita las posibilidades de conocer la magnitud de este flagelo. No obstante, es necesario destacar lo que en este sentido han logrado los organismos internacionales como la UNICEF, la UNICEF y las Conferencias Internacionales sobre la Mujer (México 1975, Nairobi 1985, Beijing 1995 y en la Cumbre sobre Desarrollo Social 1995) para revelar tas características que asume este proceso.

La pobreza tiene rostro de mujer: en el mundo alrededor de 1300 millones de personas viven en la pobreza absoluta, la mayoría son mujeres.

• Los efectos de los programas neoliberales de ajuste estructural sobre las mujeres están muy condicionados por la situación de partida de las propias mujeres. La “lógica excluyente” del capitalismo neoliberal, como se conoce, empobrece en mayor medida a los más pobres, en este caso: mujeres y niños. Según cifras reveladas por naciones Unidas en su informe sobre desarrollo humano, en 1996 se estima que, de cada diez pobres, entre seis y siete son mujeres. Las políticas neoliberales repercuten de forma más severa sobre las mujeres, pues ocupan un lugar más débil en el aparato productivo o están excluidas del mismo. Las mujeres no acceden de la misma manera al mercado en cuantos recursos y movilidad, por lo que no pueden competir en igualdad de condiciones. Su acceso al mercado depende de lo que la economista feminista Ingrid Palmer denomina “el impuesto reproductivo” que se realiza en el ámbito doméstico.

• En todas las regiones del mundo la tasa de desempleo femenino es superior a la masculina.

• Las mujeres reciben una participación desproporcionadamente pequeña del crédito de las instituciones bancarias corrientes. Por ejemplo en las regiones de América Latina y el Caribe, las mujeres constituyen sólo entre un 7% y un 11% de los beneficiarios de los programas de créditos.

• En los países subdesarrollados las mujeres siguen representando menos de la séptima parte de los funcionarios administrativos y ejecutivos. El poder y la pobreza son dos fenómenos inter-dependientes. La pobreza es, el resultado de la falta de poder, imposibilidad de acceder a recursos económicos, políticos y culturales.

• Si a esta situación se suman las desigualdades existentes en materia de educación y salud, veremos que estimaciones recientes del número de analfabetos adultos en el mundo alcanzan la cifra de 905 millones, de los cuales, 587 millones (65%) son mujeres.5. El analfabetismo implica la falta de preparación para competir en el mercado de trabajo, las analfabetas quedan excluidas de las ventajas del desarrollo de la ciencia y la tecnología. Factores diversos, entre ellos, los educacionales inciden en la falta de promoción de la mujer. Es significativo en términos porcentuales, el nivel de deserción escolar de las mujeres desde la adolescencia hasta la instrucción superior, situación que muchas veces responde a dificultades económicas o a la falta parcial o total de infraestructura.

Carentes de educación, las mujeres se inscriben en los escenarios sociales en una situación de absoluta desventaja, la privatización de los servicios educacionales aleja cada vez más la posibilidad de capacitación para las mujeres pobres y de sus hijos. En este siglo el problema de la explotación de mano de obra infantil sigue siendo muy grave en numerosos países. Muchos de estos niños viven en países de América Latina, África y Asia. Sus condiciones de vida son pésimas y sus posibilidades de alfabetización son casi nulas. Sin embargo, sus escasos ingresos son imprescindibles para la supervivencia de sus familias. Por ejemplo, en Nicaragua 600 000 menores desempeñan algún tipo de labor en contra de la propia Constitución y de un recién aprobado Código de la Niñez y la Adolescencia. En este país centroamericano se practica de forma brutal e inhumana el trabajo infantil. En Honduras se registran oficialmente como trabajadores de la calle más de 2000 niños.

Las complicaciones del embarazo continúan siendo la principal causa de muerte de mujeres en edad de procrear. En los países subdesarrollados cada año mueren medio millón de madres por este motivo.

La feminización de la pobreza no sólo se define en términos de ingresos y consumo, sino que también expresa bajo nivel de acceso a la salud, a la educación, falta de control sobre los recursos necesarios para la vida, en fin, incapacidad para acceder a los procesos de adopción de decisiones que determinan la propia existencia humana.

Según la funcionaria del PNUD Guadalupe Espinosa ser pobre significa: “no sólo carecer de las condiciones mínimas de vida, sino también de los recursos indispensables para ejercer los derechos elementales constitutivos de la ciudadanía social”.

La pobreza afecta a hombres y mujeres, pero las condiciones históricas de desigualdad y discriminación en que han vivido y viven las mujeres crean el marco propicio para situarlas en condiciones de desventajas con respecto a los hombres. Las barreras artificiales, psicológicas y estructurales que impiden que las mujeres accedan a niveles de decisiones se acrecientan en regiones como América Latina, África y Asia, lugares donde se discuten problemas más perentorios asociados a la violación de derechos elementales de la mujer, como contar con un empleo estable que proporcione suficientes ingresos para la satisfacción de las necesidades elementales propias y de su familia, para disfrutar de independencia y dignidad y de una situación de bienestar general.

¿Qué posibilidades de acceso a niveles de decisiones tiene la mujer en los países en vías de desarrollo cuando sus niveles de escolarización y alfabetización son más bajos que los del hombre? ¿Qué podría esperarse de las madres solteras jefas de hogares, que se debaten en situaciones de pobreza permanente, figura social que hoy constituye un sector importante de los pobres en esa parte del mundo?

En condiciones de subdesarrollo y pobreza la jornada doméstica se extiende, la presencia de la mujer en el hogar se hace más urgente, y por ende, se carece de tiempo y la movilidad que exigen determinadas ocupaciones. Gran cantidad de mujeres recurre al servicio doméstico como vía de sustento. En Argentina por ejemplo, el 23% de la población económicamente activa se emplea como sirvienta, en Lima el 11,2%, las que en su inmensa mayoría trabajan en condiciones de incertidumbre y desprovistas de amparo legal.

En el campo se agudizan las difíciles condiciones de trabajo para la mujer. Las mujeres pobres rurales son las más pobres y vulnerables del mundo, porque sin abandonar los roles tradicionales, se enfrentan a duras tareas en el campo. Ante esta situación optan, en algunos casos, por emigrar a la ciudad con lo que se convierten en emigrantes en su propio país, en las periferias de la ciudad ubican sus viviendas, engrosan las barriadas insalubres y con ello se incrementa la marginación social.

Otra arista de la feminización de la pobreza es el hostigamiento sexual de las mujeres por los empleadores, que obliga a muchas de ellas a acceder a los reclamos sexuales, como única vía para mantener el empleo. Esta situación casi siempre se mantiene en secreto por las implicaciones morales que tiene para las mujeres.

La pobreza es también una fuente latente de degradación moral, pues muchas mujeres acuden al mercado del sexo como alternativa de supervivencia y la prostitución se convierte en un empleo más, con otros riesgos para la salud e integridad de la mujer. Incluso la prostitución infantil en niños de 5 a 10 años constituye uno de los flagelos que hoy enfrenta la humanidad.

La pobreza, y en particular la pobreza de la mujer, es un problema global, resultado de las injustas relaciones económicas, políticas y sociales que dominan el mundo. No es posible aliviar esta situación si no se instrumentan políticas sociales desde una perspectiva de género. La humanidad no puede seguir manteniendo una parte considerable de la población mundial en condiciones de vida tan degradantes. Más de la quinta parte de la población mundial se considera pobre, incapaz de cubrir sus necesidades fundamentales y de ella 3/4 partes son mujeres, cuya función natural es procrear, sin la cual la especie “humana se extinguiría. La pobreza es, en definitiva, resultado de la distribución irracional de las riquezas existentes y de la mundialización del sistema capitalista que excluye de sus beneficios a pueblos enteros y a sectores cada vez más amplios de los países desarrollados.

Si bien, la pobreza no es un fenómeno nuevo, sino consustancial a la sociedad dividida en clases antagónicas, el capitalismo lo agudizó elevándolo a su máxima expresión con las políticas neoliberales y de ajuste estructural que no sólo han lanzado a los que eran pobres a la intensa pobreza, sino que ha llevado a la pobreza a amplios sectores de las capas medias en muchos países del mundo. La pobreza como fenómeno social tiene profundas raíces económicas, pero sus efectos trascienden e invaden la vida espiritual del individuo, con consecuencias negativas desde el punto de vista moral .

1 Banco Mundial (1992) La Medición de la pobreza. Revista Comercio Exterior. Vol. 42, No. 4, pp. 323-340, México.

2 Scott, Hilda “Working your Way to the Bottom. The feminization of poverty. Londres-Boston, Pandora Press 1984.

3 Deborah A. Abowitz, “Data indicate the feminization of poverty in Canada too”, en Socioloy and Social Research, 70, 3, 1986.

4 Bernardette Bawin “Pauvreté des demmes et projet familial: cout du divorce et prix du marriage” en Actes du colloque “Femmes et Pauvreté”en prensa 1988.

5 PNUD. Informe, 2000