Los derechos de las mujeres en un contexto global

Margaret A. McLaren
Rollins College
Domingo, Octubre 1, 2017

Traducido por Frida Corte,Centro de Estudios de Género, Puebla, México

 

En el contexto de la globalización, el debate sobre los derechos es nuevamente urgente. Los derechos son utilizados como una norma para sancionar a ciertos países, a través de un boicot económico, y como un criterio para que dichos países puedan ingresar a la Unión Europea. Así, la comprensión del discurso sobre los derechos no posee sólo aplicaciones teóricas, sino también un valor significativamente político y práctico. Mi trabajo tratará el problema de los derechos en la teoría feminista, con respecto a las mujeres en el Sur Global. Pareciera que las feministas toman dos puntos de vista contradictorios sobre los derechos. Por un lado, algunas feministas critican la noción de los derechos como una idea individualista y abstracta del Oeste. Ellas sostienen que los derechos son un límite para la cultura, el cual impide apreciar debidamente más comprensiones relacionales de uno mismo, o a una comunidad. Sin embargo, otras feministas sostienen que los derechos son una herramienta importante, tanto para asegurar la protección de las mujeres frente a la violencia, como para promover la igualdad de la mujer. Yo, por mi parte, sostengo que ambos puntos de vista descuidan inadvertidamente los asuntos económicos, y hasta ahora siendo éste el caso, las discusiones sobre los derechos únicamente han limitado el beneficio para mujeres pobres en “países en desarrollo”. Mi sugerencia es, que aquellas feministas ocupadas con los problemas globales de las mujeres, priorizen los derechos económicos y sociales, además de los políticos y legales. Yo creo que los co-operativos de las mujeres pueden proporcionar un nuevo modelo de feminismo, que maneje mejor las circunstancias en las que viven las mujeres en “países en desarrollo” dentro del contexto de la globalización.

Criticas feministas a los derechos

Las críticas feministas a los derechos derivan hacia muchas direcciones diferentes, aquí discutiré brevemente tres de éstas ramas: las éticas del cuidado, las comunitarias y las feministas postcoloniales. Todo empezó a principios de la década de los 80, después de la publicación del influyente libro de Carol Gillian In A Different Voice (En una voz diferente), cuando una avenida de literatura apareció, la cual desarrolló algunas de las ideas centrales de su estudio sobre el desarrollo moral. Gillian declara que el privilegiar a los derechos en un discurso moral, revela consecuentemente un prejuicio masculino; su investigación demuestra que cuando la opinión femenina es tomada en cuenta, la fijación sobre el razonamiento moral cambia con respecto al cuidado, la responsabilidad y el no lastimar a otros. Ella compara su opinión de que las consideraciones morales se levantan faltas de cuidado y responsabilidad, con el estándar de que los problemas morales caen bajo el dominio de los derechos y la justicia. Muchas otras feministas han desarrollado y aplicado las intuiciones de Gillian, sosteniendo que la idea sobre los derechos encontrada en la teoría clásica-liberal-política de John Locke y John Stuart Mill articuló opiniones irrealistas sobre la autonomía y los derechos. Las feministas critican que esta concepción liberal de los derechos es individualista y está abstraída del contexto social. Una de las maneras en las que ésta concepción está abstraída del contexto social, es que no responde de aquellos que son dependientes o vulnerables. Así como tampoco reconoce el papel de la familia de crear un contexto para el desarrollo y crecimiento de los niños hacia la adultez, específicamente, ignora el papel de la mujer de nutrir y socializar a los hijos. El problema principal para las éticas del cuidado es, entonces, el prejuicio masculino con base en la teoría de los derechos, tanto histórica como prácticamente. Este prejuicio se manifiesta por sí solo al ignorar el contexto social, al enfatizar el individualismo y al privilegiar un modelo para la interacción política y social que es abstracto y racionalista.

Las feministas comunitarias también critican algunos de estos asuntos, pero se concentran más en los problemas de identidad y comunidad y en su significado para nuestras vidas. Su reclamación primaria es que la teoría política-liberal descuida aspectos importantes sobre la identidad propia, así como sobre el pertenecer a un grupo cultural. El individualismo abstracto del liberalismo se encuentra con la posibilidad de que una persona podría identificarse tanto con un grupo, al cabo de que la identidad de tal grupo rebasara la identidad individual de esa persona. Las comunitarias reclaman que las tradiciones, la historia y los valores jueguen un papel central en nuestras vidas políticas y morales. Así, esta crítica al liberalismo cuestiona nuevamente al supuesto individualismo abstracto, pero observa específicamente el papel de la comunidad y la tradición de constituir la identidad de uno mismo y permitir la noción de un mismo comunitario o colectivo. Yo discutiré más tarde, que el descuido de la idea sobre la colectividad es un defecto fundamental en el acercamiento liberal hacia los derechos.

El feminismo postcolonial comprende la tercera rama de las críticas feministas a los derechos. La crítica de las feministas postcoloniales se concentra alrededor de la idea de que los derechos son una noción liberal fundamentalmente de Oeste, y, así, la aplicación de los derechos dentro de otro contexto desmiente una opinión eurocéntrica y prejuiciosa. Una de las características del discurso de los derechos, es su petición para ser universal, y es precisamente ésta petición la que es recusada por las feministas postcoloniales. Al no reconocer el origen de los derechos dentro de un contexto particularmente social e histórico, y así su especificidad como un discurso, los teóricos que aplican los derechos en diferentes culturas, sin poner atención al contexto, corren el riesgo de caer en el imperialismo cultural del Oeste. Al mismo tiempo es interesante que ésta misma crítica a los derechos corra el riesgo de caer en un imperialismo cultural, al atribuir la idea sobre los derechos al Oeste europeo sin considerar las luchas indígenas por los derechos, en otros contextos. El problema primario aquí es que la suposición de que los derechos son universales, oculta los orígenes específicos de los derechos y sugiere que pueden ser aplicados sin poner atención al contexto social e histórico. La simple aplicación de los derechos sin fijarse en éstos asuntos, realmente puede servir para socavar el feminismo y otras causas que dependen de un paradigma diferente en cuanto a acciones políticas y cambios sociales. No obstante, muchas feministas declaran que los derechos continúan siendo extremadamente útiles en el contexto internacional.

Defensas feministas a los derechos

Durante las 3 últimas décadas, mujeres de todo el mundo se han reunido para discutir cómo mejorar la vida de las mujeres en sus comunidades respectivas, y globalmente, empezando en la Cd. De México en 1975 en la primera Conferencia sobre Mujeres de las Naciones Unidas. Una de las estrategias primarias para mejorar la vida de las mujeres ha sido vía una mejora del estatus legal y político de las mujeres. Esta estrategia puede ser realizada, al mantener responsables a las normas internacionales a los países individuales, y puede ser controlada a través de cambios en la ley, y el derecho de las mujeres para la representación política y el acceso a la vida pública. En un nivel internacional, los temarios sobre los derechos de las mujeres que se concentran en los derechos civiles y políticos, tales como oportunidades iguales en la educación, empleo, mantenimiento del hogar, crédito, y cuidado de la salud y protección ante violaciones y violencia doméstica, han sido vistos como “temarios de especial interés” y por lo tanto han sido marginados a favor de problemas sobre los derechos humanos principales. (Peters & Wolper, 2) Mientras que la concepción tradicional de los derechos humanos puede ciertamente servir para proteger a las mujeres ante la violencia penada y el abuso, no se dirige en general al ambiente privado donde la mayoría de las violaciones a los derechos de las mujeres se llevan a cabo. Como señalan Julie Peters y Andrea Wolper en la introducción de Women’s Rights, Human Rights: International Feminist Perspectives (Derechos de las Mujeres, Derechos Humanos: Perspectivas Feministas Internacionales),

 

 

 

Las normas de los derechos humanos tradicionales categorizan las violaciones de forma que las mujeres son excluidas, eludiendo problemas críticos. Mientras que los hombres pueden estar preocupados sobre su libertad de reproducción, sus vidas no se ven amenazadas por la falta de esta libertad; para las mujeres en áreas de alta mortandad materna, una libertad completa de reproducción puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Asimismo, mientras las leyes de asilo protegen a aquellos con “un bien fundado temor ante ser perseguidos por razones de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social particular o por su opinión política,” estas leyes raramente protegen a aquellos perseguidos por razones de género […]. Y mientras los hombres pueden ser víctimas de violencia doméstica, dicha violencia no es parte de un patrón de abuso basado en el género. (2)

 

 

Feministas como Wolper y Peters y Charlotte Bunch están menos interesadas en criticar los derechos, en cambio su intención es extenderlos para que incluyan a las mujeres también, y ampliarlos para abarcar el ambiente privado tanto como el público. Por muchos años, las organizaciones internacionales de derechos humanos ya bien establecidas, como Amnistía Internacional y Human Rights Watch, tuvieron éxito al documentar y poner en la atención internacional los abusos a los derechos humanos. Muchas veces (pero no las suficientes) esta publicidad, atención de los medios y presión de la comunidad internacional, incluyendo sanciones gubernamentales contra países ofensores, han tenido cambios como resultado. Con estas evidencias de éxito en mente, no es sorpresivo que muchas feministas aboguen por una estrategia que incluya problemas de mujeres y género en la extensión de los derechos humanos, en vez de incluir críticas a los derechos como un marco para el cambio. Dentro de la arena internacional, los derechos de las mujeres están recibiendo más atención – cada 5 años desde 1975 ha habido una Conferencia sobre Mujeres de las Naciones Unidas, precedida por un Foro sobre Mujeres de una Organización No Gubernamental. En 1990 la organización Human Rights Watch estableció su Proyecto de los Derechos de las Mujeres (este grupo fue fundado en 1978 en Helsinki). La inclusión de problemas de género y problemas de mujeres en políticas internacionales representa un logro importante en la lucha de varias mujeres y el impacto internacional del feminismo. Aún así, estos avances ignoran comunmente los problemas económicos, especialmente a la luz de la globalización.

El feminismo y los asuntos económicos

De las 1.3 billones de personas en el mundo reconocidas como “los pobres absolutos” (viviendo con menos de $1 USD al día), más de 900 millones son mujeres. Encerrar los problemas de analfabetismo, salarios desiguales, y mala salud, sostenidos por sistemas patriarcales y consumidores sociales, dificultan que las mujeres sean capaces de librarse de una vida de pobreza. No obstante, según un reporte reciente de Población y Desarrollo de las Naciones Unidas, “fomentar la situación, educación y salud de las mujeres es una meta esencial de los derechos humanos, y también es la clave para el desarrollo social en todas las sociedades, mejorando vidas y fortaleciendo familias y comunidades”. (Population and Development in the 21st Century, PCI, 6) Fomentar la situación social de mujeres y niñas es una ardua lucha sin importar dónde se viva, pero cuando los recursos son escasos, la desvalorización de mujeres y niñas puede resultar en un daño verdadero.

Mi investigación me llevó hasta la India, el segundo país más poblado del mundo, y la democracia más grande, pero aún así un país con una pobreza extensa. De acuerdo con estadísticas reunidas en la década de 1990, se estima que 48% de los adultos en la India son analfabetos, el 53% de los niños están bajos de peso y desnutridos y el 53% de la población vive con menos de $1 USD al día. Además el 19% carece de acceso a agua potable y el 71% no tiene acceso a la sanidad apropiada (página Web de IDEX). La pobreza y la falta de recursos obviamente también afectan a hombres y niños como a mujeres y niñas, pero los prejuicios sociales y culturales de género significan que la pobreza afecta desproporcionadamente a mujeres y niñas.

En su artículo “Violencia contra Mujeres: la Perspectiva Hindú”, Indira Jaising afirma lo siguiente: “En India, la persistencia de prácticas culturales que discriminan a niñas y mujeres significan no sólo el abuso de ellas, sino finalmente la muerte de incontables mujeres… un estudió demostró que 7997 de 8000 fetos abortados fueron de sexo femenino… si una niña tiene la suficiente fortuna de nacer, experimentará el ser discriminada durante su infancia. Las niñas pequeñas son peor alimentadas y durante menos tiempo, además de que no reciben alimentos como mantequilla o leche, los cuales son reservados para los niños. …El acceso a la educación también es afectado por la discriminación sexual. Solo alrededor del 50% de las niñas cursan la escuela primaria, comparado con el 80% de los niños” (51).

Proporcionar a las mujeres oportunidades para ganar un salario y contribuir al mantenimiento de su familia puede servir para elevar su posición dentro de la familia y permitirles tener mayor control sobre los recursos de la familia. La mayoría de las mujeres que entrevisté utilizaban una parte de sus ganancias para mandar a sus hijas a la escuela después del octavo grado, el cual fue el nivel promedio de educación que cursaron las mujeres que entrevisté. En contraste con el nivel promedio de educación para niños en éste grupo (pobres, y originalmente rurales, aunque ahora viviendo en los alrededores de Mumbai) que fue del 11° y 12° grado.

Marketplace/SHARE: Una organización de cooperativas

La organización Marketplace/SHARE es una organización que cubre a un grupo de 13 cooperativas que proporcionan formación, programas, y una estructura centralizada para mercancías de despensa. Discutiré sobre la organización largamente porque creo que su modelo de autorización económica y social puede proporcionar un modelo para las feministas interesadas en problemas globales. Abogar simplemente a favor de los derechos legales y políticos no es suficiente si la gente está muriendo a causa de desnutrición y miserables cuidados de salud. Además, creo que el modelo de la cooperativa no sólo incorpora valores feministas, también proporciona una alternativa a las fuerzas no mitigadas del capitalismo global.

Los trabajadores son quienes poseen y controlan a las cooperativas:

 

 

 

Una cooperativa es una asociación autónoma de personas unidas voluntariamente para reunir sus necesidades y aspiraciones comunales económicas, sociales y culturales, a través de una empresa propia y controlada democráticamente en conjunto. …

Los valores de una cooperativa incluyen: autoayuda, responsabilidad sobre uno mismo, democracia, igualdad, equidad y solidaridad. Las cooperativas también creen en la responsabilidad social e incluyen como uno de sus principios el interés por la comunidad en la que operan. El movimiento de las cooperativas es significativo tanto en términos de asociación como en términos de impacto. Incluso en 1994 las Naciones Unidas reportaron que la vida de cerca de 3 billones de personas, media población mundial, fueron aseguradas por empresas cooperativas. Cerca de 800 millones de individuos son miembros de cooperativas. Éstas proporcionan aprox. 100 millones de empleos.

(Reporte propuesto a la Cumbre Mundial para el Desarrollo Social (COPAC por sus siglas en inglés) en NYC en 1999)

 

Fundada en 1980 en la India por dos hermanas, la organización no lucrativa SHARE, trabajó con mujeres de bajos ingresos para producir faldas hechas a mano. Se decidieron por producir faldas, pues las mujeres sabían coser a mano pero no con máquinas de costura. Adicionalmente, ninguna de ellas tenía los recursos para una máquina, ni tenía espacio en su casa para una. También era importante que les fuera posible trabajar en casa, porque todas ellas tenían niños pequeños y no podían pagar una guardería. Durante el primer año, sólo 3 mujeres pertenecieron al grupo, además de de las fundadoras.

Desde ese entonces la organización ha crecido hasta incluir 13 cooperativas que emplean a más de 500 miembros. También han expandido su línea de productos para incluir ropa y artículos para el hogar, y han ampliado su mercado hacia los Estados Unidos y Australia. Cinco de las 13 cooperativas producen las telas pintadas a mano, mientras las 8 restantes cosen y bordan a mano los productos. Las ocho cooperativas que hacen la costura y el bordado están situadas ya sea en Mumbai o a sólo un corto viaje de distancia. Cada dos semanas, los representantes de éstas cooperativas se reúnen para compartir información e ideas y para discutir cualquier problema que se tenga con el trabajo de producción. Ésta colaboración permite que los grupos compartan su experiencia y sabiduría y que resuelvan los problemas en conjunto. El espíritu de colaboración se muestra en cada aspecto de Marketplace/SHARE. La organización combina el empleo ventajoso de mujeres marginadas con los programas sociales que las educan y fortalecen. Marketplace/SHARE suministra la estructura y los recursos para que cada grupo participe en enseñanzas sobre salud, paternidad, asuntos sociales, asuntos globales y la promoción del cambio social. Aunque la organización provee accesos para formaciones fuera de ésta, la mayoría de los programas son desarrollados, modificados y dirigidos por las mismas mujeres.

Marketplace/SHARE utiliza un modelo de autorización; en vez de controlar la producción y los programas de las diferentes cooperativas, ellos facilitan la interacción entre los varios grupos y coordinan la compra y venta de sus productos en el mercado. Ya que cada pieza de vestuario o artículo del hogar utiliza telas hechas a mano e incorpora trabajos de bordado, los artículos son considerados piezas artísticas que se pueden vestir o utilizar y, por lo tanto, los productores de dichos artículos son llamados artesanos. Los artesanos se involucran en la toma de decisiones de todo tipo, ayudan a diseñar los productos y son capacitados para revisar la calidad de producción en sus respectivas unidades, así como para hacer controles de calidad antes de que los productos sean embarcados al extranjero. Los artesanos también contribuyen con fotografías e historias para el catálogo. Este envolvimiento durante todo el proceso de producción permite a los artesanos la comprensión del proceso entero, alienta un sentimiento de apoderamiento, y los lleva a un sentido de responsabilidad compartida para el bienestar de toda la organización.

Los productos hechos por los artesanos de Marketplace/SHARE son desarrollados considerando las necesidades y habilidades de los artesanos. Algunos artesanos escogen trabajar en su casa, mientras cuidan a los niños, cocinan y atienden otras responsabilidades del hogar, así que cada artículo hecho incluye algo trabajado a mano, como bordados y labores de crochet o de retacitos, que pueden ser hechos en casa. Incluso los artesanos que trabajan con máquinas para coser los artículos, gozan de horarios de trabajo un poco flexibles, dependiendo de su situación personal. Algunas mujeres llevan a sus hijos al trabajo, o al mediodía de retiran para comer. Las necesidades de los artesanos en otros aspectos también son tomadas en cuenta. A pesar de que cada artículo incluye costuras hechas a mano, se cuida que los diseños escogidos no sean demasiado pequeños para que no lastimen la vista o sean imposibles de hacer para las ancianas, a causa de la artritis. Los miembros de las cooperativas aprecian las condiciones justas de trabajo y los salarios que Marketplace/SHARE les proporciona al trabajar con ellos. Pero este aprecio por el trabajo va más allá, casi todas las personas que entrevisté consideran a su cooperativa una comunidad que los sustenta, casi como una familia extendida. Y un significativo número de personas habló sobre los cambios dramáticos que sufrieron sus niveles de autoestima y su habilidad para afrontar los problemas en sus vidas personales y en las comunidades a las que pertenecían.

Esta autoestima reencontrada es el resultado de la combinación entre destreza y habilidad que han logrado con relación a su trabajo, y la información y destreza que han desarrollado como resultado de los programas sociales a los que pertenecen. Los miembros de las cooperativas no sólo producen telas, cosen ropa y trabajan a mano, ellas manejan cada aspecto de la cooperativa; desde administrar las cuentas, hasta viajar para recoger provisiones. Muchas mujeres jamás habían viajado solas, ni siquiera en un tren o autobús local, la mayoría de las mujeres jamás había sido responsable por grandes sumas de dinero, algunas mujeres sólo hablaban su lengua regional mas no el Hindi, que es hablado extensivamente, y por lo menos una mujer jamás había usado un teléfono antes. Mujeres pertenecientes a cooperativas solo para mujeres, dijeron que uno de los beneficios de ser miembro de estos grupos femeninos era que las tareas no eran asignadas según el género. La expectativa era que las mujeres fueran capaces de participar en cada aspecto del manejo de una cooperativa, y cada experiencia nueva les hacía sentirse capaces, de una manera que nunca antes habían comprendido. Esta capacidad de manejar un negocio y ganarse la vida contribuyó a la elevación de su autoestima. A la vez, esta autoestima elevada, combinada con su nuevo poder de ganar un salario, les permite cambiar poco a poco algunas de las condiciones de sus vidas.

Una claro ejemplo de esta capacidad para el cambio social es el programa de acción social. El programa de acción social involucra a cada cooperativa individual, escogiendo un asunto importante para ellos y su comunidad local, y desarrolla una estrategia de cambio para después implementarlo. Un caso es el de la cooperativa Pushpanjali: estaban preocupados por el hecho de que no había cubiertas en las cunetas del alcantarillado de su vecindario. No sólo era peligroso para los niños jugando en el vecindario y la gente caminando. Sino que también significaba graves problemas de salud, tanto en términos de higiene, como porque se criaban mosquitos con enfermedades en el agua del desagüe. Pushpanjali decidió que su proyecto de acción social sería procurar que el gobierno municipal atendiera esta situación que hasta ese entonces había ignorado. Se reunieron y platicaron con funcionarios municipales sobre el problema, realizaron un campaña de puerta en puerta en el vecindario para despertar el apoyo de todos y se manifestaron. Después de un año el problema fue atendido y las cunetas del alcantarillado fueron cubiertas. Este cambio en la infraestructura tiene consecuencias positivas para todos en la comunidad, de hecho, después de esto, el número de muertes infantiles bajó en esta comunidad. Ninguna simple hazaña para un grupo de mujeres, muchas de las cuales jamás habían abandonado su hogar o hablado en público antes de empezar a trabajar en la cooperativa. Otro programa de acción social se comprometió a detener la corrupción en la distribución gubernamental de raciones de arroz y aceite. El gobierno de la India provee raciones de arroz y aceite a algunos de los sectores más pobres de la sociedad; sin embargo, aquellos que las distribuían acortaban las porciones destinadas a la gente para poder vender lo que restaba. Con el propósito de detener esta corrupción en la distribución de la comida, las mujeres trabajaron en equipos, algunas iban a reclamar por la comida faltante, algunas observaban y otras esperaban afuera con la policía. Aún con esta estrategia, la práctica de acortar la comida necesaria ya era demasiado extensa, y en Mayo del año 2000 las mujeres realizaron manifestaciones callejeras para difundir atención política y social a la situación. Después de las manifestaciones, el gobierno intervino y mejoró la supervisión del proceso de distribución de raciones. Finalmente, una cooperativa escogió la salud de la comunidad como su prioridad y todos los miembros fueron asesorados sobre salud preventiva, con énfasis en remedios caseros no costosos. Después de que esta cooperativa recibiera tal asesoría, ellos mismos crearon una campaña con pósters, diagramas etc., e instruyeron a otra cooperativas. A través de estos programas de acción social las mujeres aprendieron que tienen el poder para crear cambios positivos no sólo en sus vidas, sino también en la comunidad. Conocieron el poder de la acción colectiva y con cada pequeño éxito; están alentadas para abordar problemas más grandes.

Conclusión

Debido a su enfoque en los derechos políticos y legales, y su individualismo, el modelo de los derechos no siempre sirve correctamente a las feministas en el contexto de los problemas globales, particularmente a la luz de las estrategias neoliberales del capital global. Para que la teoría feminista sea apropiada, debe atender asuntos económicos, incluso el problema de los salarios laborales para mujeres. Las cooperativas representan una alternativa importante para ambas condiciones; la de la explotación en el trabajo en las fábricas y la del siempre aumentante número de mujeres que emigran al extranjero para trabajar como sirvientas. Las cooperativas permiten el control del proceso de producción, la responsabilidad compartida y los beneficios entre los miembros de la cooperativa. Durante mi investigación descubrí que las mujeres con las que hablé son capaces de hacer cambios positivos en sus vidas como resultado de su independencia económica – una mujer abandonó a su marido abusador y regresó hasta que él prometió no volver a maltratarla, todas las mujeres mandan a sus hijas a la escuela pasando el nivel promedio de educación, y una viuda que alguna vez contempló el suicidio fue capaz de mantenerse a sí misma, a sus hijos y a su madre. Su papel como merecedoras de un salario le dio a éstas mujeres el poder de tomar decisiones sobre asuntos financieros y ejercer mayor control dentro de sus familias. Pero más importante, su experiencia como parte de un grupo colectivo, en donde cada una recibe la responsabilidad de tomar decisiones y es introducida en una tarea o papel que va más allá del “papel de la mujer” tradicional, les dio un poder que se convirtió en una nueva habilidad para crear cambios en sus vidas, individual y colectivamente. Cuando hablaba con Suchira, una trabajadora social que ayuda a coordinar los diferentes programas de las cooperativas, me comentó: “nosotros jamás utilizamos el término derechos en nuestra asesorías, en cambio, las asesorías motivan a las mujeres a convertirse en agentes del cambio en sus comunidades.” Para mí, esto captó uno de las limitaciones importantes de un modelo de derechos; los derechos frecuentemente son individuales, así como el individuo que los posee y ejerce, antes que el grupo o la comunidad. Mas el cambio social sistemático a gran escala sí es un proyecto colectivo que requiere un esfuerzo grupal.

Referencias

Jaising, Indira. “Violence Against Women: The Indian Perspective,” in Peters and Wolper.

Peters, Julie and Andrea Wolper, Eds. Women’s Rights, Human Rights: International Feminist Perspectives (Routledge: New York, 1995)